lunes, 3 de agosto de 2015

Maria Soledad Soto


 
 

Border

brota la mata

bruta

crece      súbito verde

de las fisuras del cemento

irrisorio yuyo

allí está

ínfula chiquita

selvática

conejo de galera



desconocemos los pases mágicos

de semejante osadía

venir a nacer

lo que no era preciso



allí asoma

bella y renegada

espíritu que arborece

burlando el manual

arremete impúdica

abismal

una fisura

y su húmedo verdor



donde hay muros

la mata escribe

                               siempre            al borde
 
 
 
 
 
 
 
 
*
 
 

un cuerpo no-cuerpo
momia
olvidado en los placares
durmiendo el sueño
de lo contínuo
de pronto arroja
su primer sutil movimiento

como un hondo bostezo
vuelve de la inmovilidad
del letargo
de telarañas que amortajan
un cuerpo

un animal
perteneciente a los sin especie
se acerca
ondulante
sus pasos hacen eco
se oyen sus latidos
pienso
mi primer pensamiento: “un corazón late!”
y no tengo miedo
de este encuentro sobrenatural
entre un vivo y un muerto

la bestia hembra
lame mi cara
como si fuera su cría
y me inscribe en el mundo

pero alto!
no es dulce nacimiento
ni raso deslizamiento
sino un quiebre
violento despertar
un golpe desde lo profundo
al que ahora le doy el primer sorbo
que calienta mis músculos
y la sangre
corre, me recorre

y así me levanto
con un grito de gracia
que me lanza como flecha
a lo vivo y desconocido
de la humanidad

 
 
 
 
 
 
 
 
*
De incendios se hace la estirpe”.
Emiliano Bustos

Buceá en el fondo
del hondo fuego
fogonealo

o en los bordes fueguinos
arribita nomás
-ahí-
brutamente desborda
sabroso flameante
lo que abajito
no se encuentra

la urgencia de un fuego
prende y arde
el fru fru de la llama
arrastra momias melancólicas
mamotretos
mamárranchos

la profundidad de la profusa
llama quilombera
pellizca
muerde
antimuerte
quema telarañas

buscá en las superficies hondas
las capas perdidas –caídas-
levantalas en alto
ofrecelas a la llama definitiva
bruta puta
brillante

enfuegate
enfiestate
en el fuego villero

lo único cierto es la llama”
abrillanta hasta las trincheras
los placarcitos
los patios traseros
los muros
la mugre
debajo de la alfombra
y todo lo
recónditamente agazapado
es iluminado

y ahí un buen sorbo
luminiscencia
devenir llama
no es trago dulce
arde
pica
la verdad


 



 
 
 
Soy Soledad Soto, nací en Lomas de Zamora. Me gusta el espíritu y la tranquilidad de mi barrio, de casas viejas, árboles altos. Estudié psicología y me apasiona el psicoanálisis. Me gusta dar clases, estudiar, la música, el canto.

                                                                                                       ¿Por qué escribo? Escribir hoy para mí es un descubrimiento, algo liberador. Van saliendo las primeras imágenes y palabras, de algún lugar un poco desconocido, y van transformándose en una oración, un poema. Y eso me da alegría, me libera. Creo que escribir es eso, un pequeño y poderoso acto de libertad.

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